viernes, 15 de enero de 2016

La resistencia después del final: Norma Arrostito 

(Extracto del libro Montoneros silvestres. 
Historias de resistencia a la dictadura en el Sur del Conurbano)

El 15 de enero de 1978, luego de permanecer secuestrada durante más de un año en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), los marinos asesinaron a Norma Esther Arrostito[1]


Gaby —la Gaviota, como alguna vez la había bautizado la hija de Jorge Lewinger— era la única mujer entre los fundadores de Montoneros. Había sido la compañera de Fernando Abal Medina (entonces número uno de la organización) y tras la ejecución del ex presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu —acción con la que Montoneros se presenta públicamente a la sociedad argentina— Arrostito aparecía entre las caras de los peligrosos «delincuentes subversivos» más buscados del país. Eso había sido a mediados de 1970. Seis años después, en diciembre de 1976, La Gaby —junto con Mario Eduardo Firmenich— era la única sobreviviente de aquel «grupo originario» de Buenos Aires[2].


Ni bien se enteró de su muerte (en realidad, de su «secuestro», aunque para todos, en aquel momento, La Gaby había sido acribillada en la localidad bonaerense de Lomas de Zamora), Gonzalo Chaves se dejó llevar por su cuerpo en una larga caminata por distintas barriadas de Quilmes: La Cañada, Villa Itatí, La Florida, Kolynos… Para su sorpresa, según le contó alguna vez a su compañero Jorge Lewinger, se encontró con que, en muchas casas humildes, de familias obreras, peronistas, tenían velas encendidas en su memoria. «Qué ceguera la nuestra de no percibir la trascendencia de la flaca Norma, de lo que ella representaba para muchos hombres y mujeres de nuestros barrios. Porque Norma para nosotros era una gran compañera, una valiosa mujer, pero una más entre muchas. Ocupaba un lugar importante en la organización, pero no de los más prominentes. Había un abismo entre lo que mucha gente sentía por ella y lo que decían nuestras evaluaciones internas».
Para casi todo el mundo La Gaby había sido asesinada.   Así lo publicaron los diarios el 3 de diciembre de 1976, en base a la información que el régimen había puesto en circulación: «El Comando de la Zona 1 informa que como resultado de las operaciones de lucha contra la subversión en desarrollo, fuerzas legales llevaron a cabo una operación el día 2 de diciembre, a las 21 horas, en (Manuel) Castro y Larrea, de la localidad de Lomas de Zamora. En esa oportunidad fue abatida la delincuente subversiva Esther Norma Arrostito de Roitvan, alias Norma, alias Gaby, una de las fundadoras y cabecillas de la banda autodenominada Montoneros».
De hecho, la propia organización publica en febrero de 1977, en el Nº 15 de la revista Evita Montonera, una nota titulada «Norma Arrostito: ejemplo de mujer combatiente».
Dos días después de su ejecución hubiese cumplido 38 años. Desde fines de 1971, principios de 1972, Arrostito formaba parte de la Columna Sur de Montoneros. Había iniciado su militancia en el Partido Comunista/Federación Juvenil Comunista en 1965, pero luego de un breve paso por el comunismo argentino, Arrostito ingresó a la organización fundada por John William Cooke y Alicia Eguren: Acción Revolucionaria Peronista (ARP). Tiempo después se vinculará a los grupos de jóvenes que se nucleaban alrededor de Juan García Elorrio, director de la legendaria revista Cristianismo y Revolución. Dos años después ya integraba el Comando Camilo Torres. Allí conoció, entre otras personas, a Graciela Vicki Daleo.
En la ESMA Vicki escuchó que se decía que La Gaby también estaba allí, pero recién lo creyó cuando la vio. Arrostito permanecía por lo general apartada de todo el resto, cuenta Daleo. Y agrega que a La Gaby la sacaban para ir al baño, para exhibirla ante otros prisioneros (buscando desmoralizarlos) y como «trofeo», frente a integrantes «jerárquicos» de otras fuerzas.
Muchos militantes montoneros que sobrevivieron al horror coinciden en subrayar que Arrostito era todo un símbolo de la militancia revolucionaria en general y de la organización en particular. Y que su actitud fue ejemplar en todo momento: primero ante su secuestro (se tomó una pastilla de cianuro y se la sacaron de la boca); luego ante su llegada a la ESMA (sacó de su corpiño una segunda pastilla y la ingirió, sin suerte, puesto que los marinos lograron quitársela otra vez); más tarde frente a la tortura (nunca delató nada ni a nadie). Por último, frente a la posibilidad próxima de la muerte. Cuando Graciela Daleo se enteró de que le habían aplicado una inyección se entristeció doblemente. Ella había pedido que la fusilaran, sin taparle los ojos ni maniatarla, como se merecía una combatiente, cuenta Vicki. La frase que le escuchó decir («Yo no colaboro») fue como un emblema, que marcaba que la resistencia montonera seguía también adentro de la ESMA.
En las barriadas del Sur del Conurbano Bonaerense, con los años, la firme actitud de Arrostito se transformó en leyenda. Junto con los testimonios de los sobrevivientes comenzaron a circular versiones que con el paso del tiempo fueron difíciles de corroborar y a cada vez menos personas les interesó hacerlo. La Gaby había sido una de las fundadoras de Montoneros. La Gaby había sido una de las grandes protagonistas de las movilizaciones y acciones de lucha (de masas y armadas) que habían permitido el regreso al país del General Perón, luego de 18 años de exilio, de proscripciones, persecuciones, cárdeles y asesinatos. La Gaby había sido una de las que enfrentó «la traición» de Isabel y «El Brujo» López Rega. La Gaby había sido una de las que resistió a la dictadura más cruenta de la historia argentina. La Gaby había sido una de las que intentó no caer con vida en manos de sus enemigos. Y —dicen— La Gaby cantaba la marcha peronista mientras la torturaban.
Quienes la conocieron cuentan que su aguerrido comportamiento de combatiente no le impedía dedicar un tiempo diario considerable a elegir qué ropa usar, a maquillarse, a «ponerse linda», como se dice popularmente. También que tenía una hermosa voz, y que le encantaba cantar zambas.




[1]. La historia de Norma Esther Arrostito es ampliamente conocida. De hecho hay un libro de Gabriela Saidón (La montonera. Biografía de Norma Arrostito) y un film documental dirigido por César D’Angiolillo: Norma Arrostito, Gaby La Montonera, que describen su itinerario biográfico.

[2]. Para una reconstrucción de los grupos originarios que parieron la organización guerrillera urbana más importante de América Latina, puede consultarse el libro de Lucas Lanusse: Montoneros, el mito de los 12 fundadores.

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